Volver a la tienda

Practica placentera del Bdsm

Imagen-1
Sobre Christian Grey se han dicho muchas tonterías y es necesario aclarar dos inaceptables: ¡No es un enfermo y su gusto por azotar no tiene nada que ver con su terrible infancia! Quienes practican BDSM* no necesariamente sufren de alguna patología o arrastran un pasado de abusos. Es más, entre sus seguidores hay tantos pervertidos como entre quienes practican sexo convencional. No por ser vainilla* se es un santo.

Siguiente aclaración: quienes tienen fantasías sadomasoquistas, es decir, ¡de un 30 a un 50% de la población adulta!, no deberían padecer sentimientos de inadecuación. Gozar imaginándose siendo atada/o, humillada/o, latigando y/o similares no tiene nada de aberrante. Nuestra imaginación es libre… y por cruel o extrañas que sean nuestras fantasías son solo eso. En cuanto a convertirlas en realidad, las cifras son más conservadoras: sólo entre el 7 y el 14% las llevan más allá de lo imaginario. Pero los porcentajes, sin duda, serían mayores si incluyeran a quienes gustan de juegos tan inocentes como vendarse los ojos, esposarse o darse unas cuantas nalgadas en casa. Es de agradecer, pues, el fenómeno Grey, que está propiciando que se hable sin tantos tapujos del tema ¡y reanimando muchas alcobas!

Si deseas iniciarte en algún juego alternativo o, simplemente, romper la rutina, aquí van tres ideas muy básicas -no deberían asustar a nadie- y una recomendación para empezar.
1. Privación sensorial. No ver y/o no oír aumenta las sensaciones corporales. Haz la prueba: cierra los ojos y acaríciate, después haz lo mismo, mirando. Nada que ver. Por lo tanto, para empezar, ¿por qué no probar con una venda en los ojos? Un juego: el amo acaricia al sumiso –puede además contarle una fantasía- y le hace sufrir tanto como desee, porque decide cuando le permitirá llegar. Extra: auriculares y música sensual… o silencio.

2. Inmovilización. Quien ata (de entrada, valdrán unos fulars o medias, ya complicaréis las cosas más adelante) debe comprobar que no aprieten en exceso (¡pregunta!). No hace falta causar dolor (salvo que eso quiera el sumiso) y no deben cortar la circulación sanguínea (prohibido el cuello). De hecho, para novatos, bastara que generen la sensación de no poder desasirse. Indispensable, siempre tener unas tijeras (sin puntas peligrosas, mejor las de tipo escolar) a mano por si el atado se agobia (o le da un ataque de pánico), algo le hace daño, pierde la conciencia (¿por qué crees que he escrito lo de no apretar en exceso?)…
3. Azotes. Si queréis probar, empezar con la mano y centraros en las nalgas. Solo nalgas… Para dar hay que saber dónde: por ejemplo, en la parte baja de la espalda es muy peligroso, o sea que ¡nada de experimentar a lo loco! Tiempo tendréis para perfeccionar vuestras aptitudes. Más cosas: ¡calentar! ¿Qué quiere decir esto? Acariciar la zona un buen rato (hay quien se recrea en ello una hora antes de dar una nalgada) para relajar a la pareja y, sólo entonces, castigar ¡y hacerlo flojito! El objetivo es que quien recibe se relaje, que la sangre vaya concentrándose en la zona (las caricias previas pueden volverla rosácea) y, con ello, aumente su excitación. En definitiva, la idea es ir de menos a más. El placer no necesariamente está en la fuerza, sino en ese juego, que se puede acompañar, por ejemplo, de caricias genitales. (El vídeo, en inglés, corresponde a una escena de “The Secretary”, una filme ya considerado un clásico.)
4. Palabra de seguridad. Pactar una. Si el sumiso la usa, el amo detiene inmediatamente la actividad. No vale elegir “no”, “basta” o “para”, porque es fácil utilizarlas como parte del juego. Si te va que te azoten es posible que también te gusta hacer ver que “no” quieres que lo hagan… Por lo tanto, lo mejor es buscar otra expresión: “rojo”, por ejemplo.

Últimos apuntes (¡un post no puede ser tan largo!): mejor empezar por algo sencillo (siempre ir de menos a más) y ser positivos asumiendo que se trata de probar y errar, probar y acertar. Para ir a más, existen talleres de iniciación, libros e infinidad de webs.

Lecturas introductorias al mundo BDSM. En castellano no existe mucho donde elegir, pero aun así hay tres títulos que valen la pena mirarse: “BDSM: introducción a las técnicas y su significado” de Jay Wiseman, “Dominación sensual” de Claudia Varrin y “Deséame como si me odiaras”, de Venus O’Hara y Erika Lust, bellísimo en su presentación. Si lees en inglés, no sabrás por donde empezar, pero el básico, sin duda, es el clásico “Screw the roses, send me the thorns” (“Fóllate las rosas, mándame las espinas”). Pero también tienes los trabajos de Wiseman, Taormino, Brame, Hardy, Midori, Lady Green… una locura.

Otras entradas que te pueden interesar:

diseño web :: ticmedia.es