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De chica mala a chica perversa

Chica mala y perversa

A la mayoría de los hombres (y de mujeres, por supuesto…) les gusta recibir una pequeña dosis de morbo bajo las sábanas. No olvides que las chicas buenas lo hacen en la cama, las malas, donde sea.

Las sensaciones físicas son menos emocionantes cuando repites una rutina, no importa lo atrevida que parezca. Llega un poco más lejos de vez en cuando, y las sensaciones serán más fuertes, más satisfactorias… y sentirás la emoción de haber hecho algo malo. ¡Atrévete!

El juego del sometimiento: dejarse atar aumenta al instante la energía sexual porque aporta el elemento de la vulnerabilidad. Cuando te atan, estás a merced de los deseos de tu pareja, y eso es muy excitante. Además puedes concentrarte por completo en tu propio placer, porque no estás en condiciones de corresponder.

– Chica mala: Acuéstate con las manos atadas y deja que el te devore. Pídele que comience colocando sus dedos índice y del medio en forma de V a ambos lados de tu clítoris y le dé masajes con un movimiento de tijera. Después el puede repetir este movimiento de lado a lado con su lengua.

–   Chica perversa: Pídele que te ate las manos con una bufanda o un pañuelo y cuélgalas del gancho de la puerta (donde pones la bata de baño y la toalla) antes de que él te seduzca con sexo oral. Te sentirás como un juguete sexual, y si quieres que sea más excitante, suplícale constantemente que te “libere” y te deje disfrutar de un orgasmo. Haz que el sienta que tiene el control y que es responsable de hacerte sentir placer. El podrá utilizar su poder para que llegues al clímax o negarte la estimulación durante un torturante minuto.

 

Gran parte del deseo sexual es provocado por lo que entra por los ojos, especialmente para los hombres. A la mayoría de ellos les fascina ver a una mujer excitarse. Eso les permite saber qué te gusta y los hace sentir que están haciendo algo ilícito sólo por sentarse a ver el show. Y para las mujeres también funciona, ver cómo tu hombre reacciona te dispara el libido.

–    Chica mala: Una de esas noches que tu hombre pase a buscarte para salir, mastúrbate justo antes de que él llegue, pero sin alcanzar el clímax. Para no sobrepasar ese límite, cierra tus ojos e imagina que tus manos son sus labios. Haz presión con tus músculos pubocoxígeos (como si estuvieras tratando de detener la orina intermitentemente), cuenta hasta cinco mientras te das un masaje en el clítoris y detén el movimiento. Quédate desnuda hasta que él llegue y vea el rubor que cubre tu cuerpo cuando estás a punto de alcanzar el orgasmo. Luego descríbele lo que estabas haciendo. La irresistible y tentadora imagen visual tuya autocomplaciéndote alimentará su deseo, y cuando vuelvan a tener sexo, será un increíble estímulo para los dos.

–    Chica perversa: Antes de la cita, pídele a tu chico que vaya temprano a tu casa y mastúrbate frente a él, diciéndole que puede tener su turno después. Será tan provocador que se sentirá tan excitado como tú. Siéntate frente a un espejo, con él detrás para que disfrute el show en primera fila. Comienza tocando tus pezones con una mano y frotando tus muslos con la otra. Luego, estimula el pubis moviendo tus dedos cada vez más rápido a medida que te excitas. No dejes que él te interrumpa. Dile que esperas que él termine lo que tú empezaste una vez que regresen a casa después de la salida.

 

¡Tócalo sin pudor! Cuando se comienza a tener relaciones sexuales, los trabajos manuales suelen dejarse a un lado. Deja que el estímulo manual se convierta en el plato fuerte, tus habilidades manuales le mostrarán tus deseo de volver a la carga.

–     Chica mala: Sorpréndelo con el trabajo manual que menos él espera. Cuando esté tranquilo en el sofá, acurrúcate junto a él, pásale tus dedos por el pecho y desabróchale los pantalones. A medida que lo vas tocando, susúrrale que esta vez tú serás quien lo hará todo. Prueba esto, y lo volverás loco: pon una mano en la base de su pene y la otra justo en la punta. Luego, muévelas a la vez en direcciones opuestas, como torciendo ligeramente su pene.

–     Chica Perversa: No sólo lo sorprendas con caricias sexys: también hazlo en un momento en que él no pueda reaccionar como quisiera. La próxima vez que esté hablando por teléfono, bájale los pantalones y pon manos a la obra. Hacer algo tan “malo” mientras la persona del otro lado del teléfono no tiene ni idea de lo que está sucediendo hace que todo se sienta más intenso. Une los dedos índice y pulgar (como en forma de anillo) y muévelos lentamente recorriendo el pene, desde la base hasta la punta; luego repite el mismo movimiento con la otra mano, y así sucesivamente.

 

Acuéstate con “otro”. Cuando finges ser otra persona, todas las reglas cambian. Por un lado, ambos actúan de forma más atrevida y desinhibida. Además tu podrás ser más creativa a la hora se interpretar tu papel, y eso significa que sacarás a luz todas las facetas malas que tu personaje pueda tener. Con este juego de fingir ser otro, pueden salir más fácilmente de sus zonas de confort para disfrutar sensaciones extremas y posiciones que normalmente no prueban juntos.

–   Chica Mala: Imaginen que son dos desconocidos. Fijen una hora para encontrarse en un bar y finjan frente a todos que se están conociendo por primera vez. Antes de llegar a él, coquetea con un par de chicos. Luego, párate a su lado y preséntate como quien quieras ser… por ejemplo, Anette, la sexy ejecutiva que está en un viaje de negocios. Deja que los demás escuchen la conversación, porque parte de la diversión es actuar para el público. Tras una breve charla, dile que quieres que te acompañe o viceversa… y no te salgas del personaje en toda la noche.

–   Chica perversa: Uno de los dos puede interpretar el papel de un inexperto que necesita lecciones de sexo. Haz que el novato tome nota de todo lo que debe aprender: cómo se practica el sexo oral, la masturbación, etc. Cuando uno de los dos finge ser inocente, la otra persona se siente más excitada por saber que tiene el control y es responsable del placer del otro.

 

No existe nada más estimulante que descubrir un punto de vista y un ángulo totalmente nuevo para los dos. Háganlo en varias partes de la casa, porque los obstáculos los obligarán a adoptar nuevas posiciones.

–    Chica mala: Hazlo en el sofá. Pídele que te penetre desde atrás mientras tú estás arrodillada sobre los cojines. Hay algo muy excitante en tener sexo en habitaciones “semipúblicas” ¡Estás teniendo sexo en donde se sientan tus padres y amigos! Puedes hacer que la penetración sea más prolongada levantando una pierna, de modo que tu pie quede apoyado en el asiento y recuestes tu cuerpo en su pecho.

–     Chica perversa: Mantente fiel al propósito de un sofá: pídele que se siente y disfrute el show. Súbete sobre él, coloca sus manos en tus caderas (para mantenerte segura) e inclínate hacia atrás hasta que tu cabeza llegue a sus pies. Puedes apoyar las manos en el piso, para sentirte más firme, y deja que tus pies cuelguen en el respaldo del sofá. Tu cuerpo estará completamente desnudo frente a él, y le darás un increíble espectáculo erótico mientras él entra y sale.

 

Planea un ataque secreto, prepararle una emboscada a tu pareja te convierte en una especie de mujer insaciable, y esto lo hará sentir mucho más deseado. Cuando no estás esperando algo, tus sentidos se intensifican y puedes disfrutar con más plenitud cada contacto.

–   Chica Mala: Generalmente, los hombres esperan tener sexo por las mañanas antes de salir de la cama, por eso lo arrebatarás si lo atacas al salir de la ducha. Entra al baño y desnúdate para que se sorprenda con el impresionante paisaje que descubrirá al abrir la cortina. Luego pídele que se coloque frente a ti para rodearle el cuerpo con tus piernas.

–   Chica perversa: Encuéntrense para cenar luego del trabajo. Espera a que él esté sentado y dile que olvidaste algo en el auto. Al salir, envíale un mensaje de texto pidiéndole ayuda. Cuándo él llegue al auto, proponle tener sexo (asegúrate de estar lejos de otros autos). Es muy excitante tener sexo en un lugar público porque te inquieta que alguien los sorprenda. Prueba hacerlo en el asiento trasero. Estar en un estacionamiento los obligará a permanecer más cerca, creando una estimulante fricción.

Texto cedido por los amigos de Papayacaliente.

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